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Filosofía y reflexión

12 frases para reflexionar sobre la vida y mirar las cosas de otra manera

Un libro abierto en una página cualquiera puede dejarnos pensando en algo que no tiene mucho que ver con la historia que estamos leyendo. A veces es una frase sobre el tiempo y recordamos una visita que llevamos semanas aplazando. O una observación sobre la amistad que nos devuelve a una conversación del martes.

Nos pasa también con las citas que encontramos en un calendario, en una carta antigua o escritas en el margen de un cuaderno. Unas nos parecen acertadas; otras nos incomodan precisamente porque no estamos de acuerdo. Las dos reacciones pueden ser interesantes.

Las 12 frases para reflexionar sobre la vida que encontrarás aquí proceden de escritores, pensadores y poetas de distintas épocas. No las hemos reunido para convertirlas en normas que haya que seguir. Vamos a mirar qué querían decir, qué matices conviene conservar y a qué situaciones corrientes pueden llevarnos.

Puedes leerlas seguidas, escoger un tema o quedarte únicamente con la que te haga recordar algo. No hay que estar de acuerdo con Séneca, Machado o Epicteto para descubrir una buena pregunta en sus palabras.

EN ESTE ARTÍCULO

El tiempo y las etapas

Decisiones y caminos

Las relaciones

Las pequeñas cosas

De la frase a la escritura

El diario completo

Frases para reflexionar

01 · TIEMPO Y ETAPAS

Tres frases sobre el tiempo, las oportunidades y la edad

El tiempo es fácil de medir y bastante más difícil de valorar. Sabemos cuántas horas tiene una semana, pero no siempre recordamos en qué se nos fueron. Y, aunque cumplamos años de manera puntual, cada etapa trae situaciones para las que todavía no tenemos práctica.

1. ¿De verdad nos falta tiempo?

«No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho.»
— Séneca

En Sobre la brevedad de la vida, Séneca se fija en la facilidad con que entregamos nuestras horas a compromisos y ocupaciones que apenas examinamos. Su frase suena severa, sobre todo si pensamos en jornadas llenas de obligaciones que no podemos elegir.

Pero hay una diferencia entre perder una tarde y pasarla descansando porque lo necesitamos. Imagínate que llevas tres semanas diciendo que llamarás a un amigo. Cada domingo encuentras media hora para mirar escaparates por internet y ninguna para marcar su número. Tal vez el problema no sea el reloj. También puede que necesites desconectar y que esa llamada merezca otro momento. La frase invita a mirar cómo elegimos, no a culpabilizarnos por cada minuto.

2. El significado de «todavía»

«Hoy es siempre todavía.»
— Antonio Machado

Machado escribió este verso en sus Proverbios y cantares de Nuevas canciones. Son cuatro palabras que no prometen demasiado y, sin embargo, dejan algo abierto: mientras hay presente, algunas posibilidades siguen sin cerrarse.

Una mujer guarda durante años una vieja caja de acuarelas porque cree que ya se le pasó la edad de aprender a pintar. Un día acompaña a su sobrino a un taller, prueba unos colores y descubre que sigue teniendo curiosidad. No tiene por qué convertirse en pintora ni recuperar el tiempo anterior. Quizá solo ha encontrado una actividad que le apetece ahora. Otras oportunidades sí se pierden. Precisamente por eso conviene distinguir las que ya no existen de las que hemos dado por terminadas sin comprobarlo.

3. Nadie ha vivido antes su próxima edad

«Llegamos como principiantes a cada edad de la vida.»
— François de La Rochefoucauld

La Rochefoucauld observó en sus Máximas que los años no nos preparan automáticamente para todo lo que vendrá. Podemos desenvolvernos con soltura en el trabajo y sentirnos completamente nuevos al jubilarnos, al ser abuelos o al empezar a vivir solos.

A veces hablamos de la edad como si cada cumpleaños nos entregara un manual. Pero quien se muda a otra ciudad con cincuenta y ocho años tiene que aprender los horarios del autobús, conocer vecinos y descubrir dónde venden buen pan, igual que cualquier recién llegado. La experiencia ayuda; no elimina la extrañeza. Y quizá eso explica por qué una persona muy segura en unas cosas puede pedir ayuda en otras sin que haya contradicción.

Una precisión que cambia la lectura: las tres frases hablan del tiempo desde lugares distintos. Séneca pregunta qué hacemos con él; Machado, qué sigue siendo posible; La Rochefoucauld, qué nos queda por aprender. No ofrecen una misma respuesta.

02 · ELECCIONES Y CAMINOS

Tres frases para mirar las decisiones desde otro ángulo

A veces pedimos consejo antes de haber pensado qué queremos. Otras sabemos perfectamente qué deseamos dejar atrás, aunque no sepamos qué esperamos encontrar después. Las decisiones tienen algo de esto: se toman con información incompleta, deseos cambiantes y personas que no siempre responden como imaginábamos.

4. Antes de elegir camino

«Eso depende mucho de adónde quieras llegar.»
— Lewis Carroll

En Alicia en el país de las maravillas, el Gato de Cheshire responde así cuando Alicia le pregunta por dónde debería ir. Ella todavía no sabe bien cuál es su destino, y esa incertidumbre vuelve bastante difícil recomendar una dirección.

Piensa en alguien que lleva dos semanas comparando cursos de idiomas. Mira horarios, precios, profesores y reseñas, pero ninguno termina de convencerlo. Cuando una amiga le pregunta para qué quiere aprender, responde que tal vez para viajar, quizá para trabajar fuera o sencillamente para leer novelas. No necesita tener un plan de vida cerrado. Pero distinguir esas ganas ayuda más que abrir otras veinte pestañas de ofertas.

5. Salir de un lugar no es encontrar otro

«Sé bien de qué huyo, pero ignoro lo que busco.»
— Michel de Montaigne

Montaigne escribió esta observación en sus Ensayos al hablar de sus viajes. Reconocer lo que nos incomoda suele resultar más sencillo que describir la vida que querríamos en su lugar.

Quizá decides dejar un grupo porque cada encuentro termina en discusiones, pero todavía no tienes claro si quieres conocer gente nueva o pasar una temporada con menos planes. La decisión de marcharte puede ser sensata aunque no sepas qué vendrá. La duda no invalida el malestar del que partes. Lo que sí puede ayudarte es separar dos asuntos: por qué quieres salir y qué esperas encontrar al otro lado. No siempre requieren la misma respuesta.

6. Lo que depende de ti y lo que no

«No pidas que los acontecimientos sucedan como quieres; desea que sucedan como suceden.»
— Epicteto

En su Manual, Epicteto propone reconocer los límites de nuestro control. No podemos decidir qué pensará otra persona ni garantizar que un proyecto salga según lo previsto. Leído deprisa, el consejo puede sonar a conformarse con todo. Y sería una lectura demasiado estrecha.

Puedes preparar con cuidado una conversación para pedir disculpas y encontrarte con que la otra persona prefiere no hablar. Has elegido cómo acercarte, pero no su respuesta. Queda abierta la posibilidad de insistir más adelante, esperar o aceptar cierta distancia. El hecho de que no controles el desenlace no convierte en inútil el gesto inicial. Tampoco te obliga a considerar justo todo lo que sucede.

Una decisión puede ser razonable aunque no sepas todavía cómo terminará la historia.

03 · LAS RELACIONES

Tres frases sobre la convivencia y lo que esperamos de los demás

Entre personas abundan los buenos propósitos. Queremos ayudar, dar el consejo adecuado y que quienes nos rodean se sientan cómodos. Lo complicado aparece cuando alguien necesita algo distinto de lo que nosotros habíamos pensado ofrecerle.

7. Hacer la vida un poco menos difícil

«¿Para qué vivimos, si no es para hacernos la vida menos difícil unos a otros?»
— George Eliot

En Middlemarch, estas palabras aparecen cuando Dorothea sale en defensa de una persona sobre la que los demás están haciendo suposiciones. No se trata de resolverle la existencia a nadie. El gesto empieza por negarse a complicársela gratuitamente.

En una comida de amigos alguien comenta que una compañera parece distante desde hace meses. Podrías unirte a las conjeturas o recordar que nadie sabe qué le está pasando. También podrías cambiar la conversación sin convertirlo en una gran declaración. A veces ayudar consiste en una tarea visible; otras, en no repetir una historia que ni siquiera hemos comprobado.

8. La facilidad con que regalamos consejos

«Nada damos con tanta generosidad como nuestros consejos.»
— François de La Rochefoucauld

En sus Máximas, La Rochefoucauld se burla de una clase de generosidad que sale bastante barata: indicar a otros qué deberían hacer. Es una observación mordaz porque todos conocemos el impulso de resolver desde fuera una situación ajena.

Una amiga nos cuenta que está cansada de llevar todas las gestiones de su casa. Antes de que termine, ya le hemos propuesto calendarios compartidos, aplicaciones y una reunión familiar con reparto de tareas. Tal vez alguna sugerencia sea útil. Pero quizá lo que necesitaba en ese momento era contar cómo le fue el día. Preguntar si quiere una idea o simplemente que la escuchemos puede evitar unos cuantos malentendidos.

9. Cuando estar acompañado también resulta solitario

«La verdadera soledad es fingir entre gente amable.»
— Edith Wharton

En La edad de la inocencia, Edith Wharton muestra una sociedad muy educada en las formas y bastante menos tolerante con quienes no se ajustan a sus expectativas. La cortesía, por sí sola, no garantiza que alguien pueda hablar con libertad.

Piensa en la persona que anuncia que ha conseguido un ascenso y recibe felicitaciones en cada reunión familiar. Todos celebran la noticia, mientras ella todavía no sabe si quiere aceptar las nuevas condiciones. No teme un insulto; teme que su duda decepcione a quienes están tan contentos. A veces resulta difícil mostrar una opinión diferente precisamente entre personas que desean lo mejor para nosotros.

Un pequeño contraste: ayudar, aconsejar y acompañar no son sinónimos. Hay momentos en los que una intervención práctica sirve mucho; en otros, el gesto más atento puede ser escuchar antes de ofrecer una solución.

04 · COSAS CORRIENTES

Tres frases que encuentran preguntas en lo cotidiano

No todas las citas que merecen una segunda lectura hablan de grandes decisiones. Un objeto que conservamos, una habilidad que aprendimos mirando a alguien o un sonido que nos hace levantar la cabeza también pueden cambiar la manera en que vemos una tarde corriente.

10. Lo que cuesta y lo que vale

«Todo necio confunde valor y precio.»
— Antonio Machado

En sus Proverbios y cantares, Machado distingue dos medidas que solemos mezclar. El precio puede aparecer en una etiqueta; el valor de una cosa depende también de recuerdos, usos, vínculos y circunstancias que no caben en una cifra.

Hay personas que guardan una chaqueta gastada de su primer trabajo, aunque lleven años sin ponérsela. Otra persona podría verla como una prenda que ocupa espacio. Quien la conserva recuerda quizá una ciudad, unos compañeros o la emoción del primer sueldo. Eso no obliga a guardar todo para siempre. Simplemente muestra por qué dos personas pueden hacer cuentas distintas ante el mismo objeto.

11. La inteligencia también entra en la cocina

«Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.»
— Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana escribió esta frase en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, al recordar preguntas que le surgían mientras cocinaba. La ironía apunta a quienes consideraban que el conocimiento importante solo podía encontrarse en determinados libros y espacios.

Es fácil reconocerlo cuando alguien intenta enseñarnos una receta sin medidas exactas. «Hasta que la masa esté lista» puede sonar poco preciso, pero quien lleva treinta años haciendo pan distingue con las manos cosas que un principiante necesita aprender. En cualquier oficio hay conocimientos que tardan en convertirse en palabras. A veces la persona que mejor sabe hacer algo ni siquiera se ha detenido a explicar todo lo que sabe.

12. Un ruido en medio del silencio

«Viejo estanque. Salta una rana. Suena el agua.»
— Matsuo Bashō

Este haiku de Bashō apenas describe una escena. No nos dice qué deberíamos sentir ni añade una enseñanza al final. Un estanque, una rana, un sonido: tres detalles bastan para que imaginemos un lugar y un momento.

Quizá recuerdes algo parecido: esperar en una parada mientras caen unas hojas, escuchar una persiana al otro lado del patio o ver cómo una nube tapa durante unos segundos la luz del salón. No son recuerdos importantes por obligación. A veces se quedan con nosotros sin pedir explicación. El poema recuerda que observar algo también puede ser suficiente.

AL LEER ESTAS DOCE FRASES

No todas piden la misma respuesta: unas plantean una contradicción, otras una decisión y otras simplemente nos ayudan a prestar atención. Puedes quedarte con una, discutirla o dejarla sin conclusión. Su utilidad no depende de que el autor termine teniendo razón.

05 · PASAR A LA ESCRITURA

Cómo convertir una frase en una reflexión personal

Una cita puede gustarnos mucho y quedarse en eso: una frase subrayada. Si queremos escribir a partir de ella, conviene hacer un pequeño cambio de escala. En vez de intentar hablar sobre «la vida» en general, buscamos un momento que conozcamos de primera mano.

Por ejemplo, la frase de Montaigne sobre saber de qué huimos puede llevarnos a una mudanza, pero también a una conversación que estamos evitando o a una actividad que ya no disfrutamos como antes.

1

Elige una frase que te provoque algo

No tiene por qué ser la más bonita. Puede ser una con la que discrepes, una que te haga gracia o una que recuerdes sin saber muy bien por qué.

2

Busca una situación concreta

Piensa en una persona, un lugar, una conversación o una decisión reciente. Cuanto más reconocible sea la escena, menos tendrás que recurrir a ideas generales.

3

Cuenta primero lo que ocurrió

Anota detalles: qué dijiste, qué hizo la otra persona y qué pasó después. No necesitas explicar el significado de todo mientras lo escribes.

4

Vuelve a la frase, si te apetece

Comprueba si ahora la entiendes de otra manera. Puedes estar de acuerdo, discrepar o dejar el asunto abierto. No se trata de demostrar que el autor tenía razón.

UN EJEMPLO DE ESCRITURA

«Sé bien de qué huyo, pero ignoro lo que busco»

Llevo varias semanas diciendo que quiero dejar las clases de francés. Cada miércoles salgo tarde del trabajo y me molesta tener que correr para llegar. Ayer falté y me quedé en casa viendo una película. Me gustó descansar, pero luego eché de menos la conversación con los compañeros. Creo que no quiero dejar el francés; quiero dejar de organizar los miércoles como si fueran una carrera. Voy a preguntar si hay otro grupo los sábados. Si no lo hay, tendré que pensarlo de nuevo.

El texto no demuestra que Montaigne tuviera razón ni termina con una gran lección. Cuenta lo sucedido, deja ver una contradicción y recoge una posibilidad concreta. Una entrada personal puede ser así de sencilla, incluso cuando la frase que la inspiró se escribió hace siglos.

Una última sugerencia: pon fecha a lo que escribas. Si vuelves a esa misma frase dentro de unos meses, quizá recuerdes algo distinto o descubras que tu opinión ha cambiado. No necesitas borrar la primera versión.

PARA SEGUIR REFLEXIONANDO

Si una frase te deja pensando

El journal 100 frases para reflexionar sobre la vida reúne cien citas con una explicación de su contexto, un ejemplo de escritura y espacio para responder con tus propias palabras. Puedes recorrerlo por orden o abrirlo por una página cualquiera.