Preguntas de journaling para autoconocimiento

Abres tu diario y escribes: «Hoy he tenido un día raro». La frase es cierta, pero tampoco explica demasiado. Has hecho tus cosas, has hablado con varias personas y, en apariencia, no ha ocurrido nada extraordinario. Sin embargo, hay una conversación de esta mañana que sigue dándote vueltas.
Podrías continuar contando cómo ha transcurrido el día. O podrías detenerte en esa conversación y hacerte una pregunta: ¿qué fue exactamente lo que me molestó? Tal vez descubras que no fueron las palabras de la otra persona, sino el momento en que las dijo. O que esperabas una respuesta diferente. Incluso podrías darte cuenta de que todavía no sabes por qué te ha afectado tanto.
Ahí está una de las posibilidades más interesantes del journaling para autoconocimiento: utilizar la escritura no solo para contar lo que nos sucede, sino también para explorar cómo pensamos, qué sentimos y por qué actuamos de determinadas maneras. Y las preguntas pueden ayudarnos a encontrar un punto de partida cuando no sabemos muy bien por dónde empezar.
En este artículo encontrarás los beneficios de escribir un diario con preguntas, algunas recomendaciones para empezar y 10 preguntas de journaling para conocerte mejor, cada una con su explicación y ejemplos de escritura. No es un cuestionario que debas completar ni una prueba que revele cómo eres. Es una invitación a observar aspectos de tu vida cotidiana que quizá no te habías detenido a examinar.
EN ESTE ARTÍCULO
01 · ESCRIBIR PARA CONOCERTE
¿Qué es el journaling para autoconocimiento y por qué hacerlo con preguntas?
El journaling consiste, sencillamente, en utilizar la escritura para registrar pensamientos, experiencias, emociones o ideas personales. Puede parecerse al diario tradicional en el que contamos lo que hemos hecho, aunque no tiene por qué limitarse a relatar los acontecimientos del día.
Si lo utilizamos para conocernos mejor, la atención cambia ligeramente. Ya no nos interesa únicamente recordar qué ocurrió, sino también comprender cómo vivimos aquella situación, qué importancia le dimos y qué podemos observar sobre nosotros al recordarla.
Por ejemplo, imaginemos que después de una comida familiar llegas a casa de mal humor. Puedes anotarlo en tu diario y dejar constancia de cómo te encontrabas. Pero también puedes hacerte una pregunta que te permita explorar un detalle de lo sucedido.
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Contar lo que ocurrió
«Hoy hemos comido todos juntos. Al principio estaba a gusto, pero después me he puesto de mal humor. He llegado a casa sin ganas de hablar con nadie. No sé por qué estas comidas acaban cansándome tanto».
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Explorarlo con una pregunta
¿Qué momento de la comida cambió mi estado de ánimo?
«Creo que fue cuando me preguntaron otra vez por el trabajo. Contesté que todo seguía igual y enseguida empezaron a darme consejos. Me molestó que nadie preguntara antes si realmente necesitaba alguno».
En el segundo texto no ha desaparecido el mal humor y tampoco se ha resuelto la situación familiar. Pero ha aparecido un detalle que antes no estaba: la incomodidad de recibir consejos cuando quizá lo que necesitabas era simplemente que te escucharan. Es un punto desde el que puedes seguir pensando, si te interesa hacerlo.
Las preguntas de journaling funcionan como una orientación para la escritura. Nos ayudan a prestar atención a un aspecto concreto de nuestra experiencia. Algunas nos llevan a recordar situaciones; otras nos invitan a examinar nuestras costumbres, nuestras relaciones o las ideas que tenemos sobre nosotros mismos.
Esto resulta especialmente útil cuando nos sentamos ante una página en blanco. La pregunta reduce las posibilidades: en lugar de intentar escribir sobre toda nuestra vida, podemos empezar por una conversación del martes, una decisión reciente o algo que llevamos semanas aplazando.
No siempre necesitas una pregunta. Hay días en los que contar lo ocurrido o escribir sin ninguna dirección es justamente lo que te apetece. El journaling con preguntas no sustituye esas formas de utilizar el diario: añade otra posibilidad para los momentos en los que quieres explorar algo con más detenimiento.
02 · LO QUE PUEDES DESCUBRIR
Seis beneficios de hacer journaling con preguntas para conocerte mejor
Cuando pensamos en los beneficios de escribir un diario, suelen aparecer palabras como claridad, bienestar o autoconocimiento. Son ideas interesantes, aunque resultan bastante generales si no las relacionamos con situaciones concretas.
Una pregunta bien escogida puede llevarnos a revisar una decisión, recordar una reacción que no entendimos o reconocer algo que nos hace disfrutar. No significa que cada respuesta vaya a producir un descubrimiento. En ocasiones, el beneficio es mucho más sencillo: dedicar unos minutos a observar algo que normalmente dejamos pasar.
1. Reconocer comportamientos que repites sin darte cuenta
Quizá siempre terminas organizando los planes de tus amigos, aunque después te quejes de que nadie propone nada. O aceptas encargos que no te corresponden y acabas trabajando hasta tarde. Mientras estas situaciones ocurren por separado, pueden parecer casualidades. Al escribir sobre ellas en distintos momentos, empiezas a reconocer lo que tienen en común.
Las preguntas permiten fijarse en las circunstancias: cuándo aparece ese comportamiento, con quién sucede y qué esperabas conseguir al actuar así. Tal vez descubras una costumbre que quieras modificar. O quizá entiendas mejor por qué la mantienes.
2. Comprender mejor tus emociones y reacciones
Algunas emociones son fáciles de identificar mientras ocurren. Otras necesitan un poco más de tiempo. Puedes salir molesto de una reunión y pensar que alguien ha sido desagradable contigo. Al escribir sobre lo sucedido, quizá recuerdes que apenas te dejaron terminar una frase, o que llegaste especialmente preocupado por otro asunto.
No se trata de buscar una explicación complicada detrás de cada emoción. A veces basta con reconstruir el contexto para distinguir qué ocurrió, qué interpretaste y cómo reaccionaste. Esa diferencia puede ayudarte a comprender situaciones que, en el momento, parecían bastante más confusas.
3. Descubrir qué cosas tienen importancia para ti
Es fácil decir que valoramos la amistad, la tranquilidad o disponer de tiempo propio. Lo interesante aparece cuando observamos qué lugar ocupan realmente esas cosas en nuestra vida cotidiana.
Imagínate que escribes sobre una tarde que recuerdas con especial cariño. No hubo ningún acontecimiento importante: preparaste la cena con alguien, escuchaste música y estuvisteis hablando sin mirar el reloj. Quizá ese recuerdo te ayude a reconocer algo que disfrutas especialmente y a lo que, sin embargo, dedicas menos tiempo del que te gustaría.
También puede ocurrir lo contrario: descubrir que una actividad a la que dedicas muchas horas ya no significa tanto para ti como antes.
Un detalle que conviene tener en cuenta
No siempre hacemos aquello que más valoramos. El trabajo, el dinero, las responsabilidades familiares y otras circunstancias también condicionan nuestras decisiones. Si descubres que algo importante para ti apenas aparece en tu semana, no significa necesariamente que hayas elegido mal. Puede ser una oportunidad para entender qué está ocupando ese espacio.
4. Cuestionar algunas ideas que tienes sobre ti mismo
Todos utilizamos ciertas etiquetas para describirnos. «Soy muy tímido», «no tengo paciencia», «siempre dejo las cosas a medias». Algunas contienen parte de verdad, pero también pueden quedarse pequeñas con el paso del tiempo.
Si te describes como una persona poco sociable, por ejemplo, una pregunta sobre los momentos en los que disfrutas de la compañía de otros podría llevarte a recordar situaciones que no encajan del todo con esa definición. Tal vez no te desagrade conocer gente, sino los encuentros multitudinarios. O quizá necesitas más confianza antes de sentirte cómodo.
Escribir sobre experiencias concretas permite revisar estas ideas sin necesidad de sustituir una etiqueta por otra. Podemos descubrir que somos diferentes según el contexto, que hemos cambiado o que nuestra primera descripción no cuenta toda la historia.
5. Ordenar lo que piensas antes de tomar una decisión
Cuando tenemos que decidir algo importante, es habitual que varias preocupaciones aparezcan mezcladas. Quizá quieras cambiar de trabajo porque estás cansado, pero también temes perder estabilidad. Te atrae una oportunidad nueva, aunque no sabes si te interesa el puesto o simplemente necesitas salir de tu situación actual.
Las preguntas pueden ayudarte a separar esos asuntos. Una cosa es lo que te incomoda, otra lo que deseas encontrar y otra los riesgos que estás dispuesto a asumir. Escribir no garantiza que llegues a una decisión acertada, pero puede hacer más visibles los motivos entre los que estás intentando elegir.
6. Reconocer cambios que suelen pasar desapercibidos
No todos los cambios personales llegan acompañados de una decisión importante. A veces dejamos de preocuparnos por cosas que antes nos quitaban el sueño. Aprendemos a expresar una opinión sin darle tantas vueltas, empezamos a disfrutar de una actividad nueva o cambiamos la manera de relacionarnos con alguien.
Como estos cambios suceden poco a poco, no siempre somos conscientes de ellos. Un diario permite conservar pequeñas muestras de cómo pensábamos en un momento determinado. Al volver a leerlas meses después, podemos encontrarnos con una versión anterior de nuestras preocupaciones, nuestros deseos o nuestras prioridades.
Y también podemos descubrir algo curioso: algunas cosas que considerábamos provisionales llevan años acompañándonos y siguen siendo importantes.
EN POCAS PALABRAS
- Las preguntas pueden ayudarte a reconocer comportamientos y costumbres que se repiten.
- Escribir sobre situaciones concretas permite observar mejor tus emociones y reacciones.
- Revisar tus experiencias puede mostrarte qué valoras y cómo han cambiado tus prioridades.
- Puedes cuestionar algunas ideas sobre ti y ordenar tus pensamientos antes de decidir.
- Conservar tus respuestas te permite regresar a ellas y reconocer cambios con el tiempo.
Todos estos beneficios tienen algo en común: parten de prestar atención a experiencias que ya forman parte de nuestra vida. No necesitas buscar acontecimientos extraordinarios ni formular grandes preguntas sobre el sentido de tu existencia. A menudo, una situación pequeña ofrece suficiente material para escribir una página entera.
La cuestión es cómo empezar a trabajar con esas preguntas sin convertir la escritura en otra obligación. Porque una cosa es tener una buena pregunta delante y otra bastante distinta es encontrar las primeras palabras con las que responderla.
03 · ANTES DE LA PRIMERA PREGUNTA
Cómo empezar a hacer journaling con preguntas sin complicarte demasiado
Imagina que alguien te pregunta qué necesitas cambiar en tu vida. Es posible que te quedes pensando un buen rato. La pregunta abarca tantas cosas que resulta difícil saber por dónde empezar. Quizá pienses en el trabajo, en tus relaciones, en cómo organizas el tiempo o en algo que ni siquiera sabes explicar todavía.
Ahora imagina otra pregunta: «¿Qué momento de esta semana me habría gustado vivir de otra manera?». Sigue siendo personal, pero tiene un terreno mucho más concreto. Puedes recordar una conversación, una tarde especialmente agotadora o un plan al que accediste sin muchas ganas.
Una buena pregunta de journaling no tiene por qué ser complicada para resultar interesante. De hecho, cuanto más fácil sea relacionarla con algo que hayas vivido, más posibilidades tendrás de encontrar las primeras palabras.
Y tampoco necesitas preparar una sesión especial. Puedes escribir diez minutos antes de acostarte, aprovechar un rato tranquilo durante el fin de semana o abrir tu diario cuando una pregunta te llame la atención. Hay quien llena varias páginas y quien encuentra suficiente material en un párrafo.
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Escoge una pregunta
No tienes que empezar por la primera ni responderlas todas. Elige la que te recuerde algo que has vivido o te despierte curiosidad. Si hoy ninguna te interesa, puedes dejarlo para otro momento.
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Empieza por una escena
En lugar de intentar explicar cómo eres en general, cuenta algo concreto: dónde estabas, qué ocurrió, qué dijiste o qué pensaste después. Una situación pequeña puede ofrecer bastante material para escribir.
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Continúa desde ahí
Puede que al escribir recuerdes otro detalle, cambies de opinión o descubras que no tienes clara la respuesta. No hace falta corregirlo todo ni encontrar una conclusión. Sigue aquello que te resulte interesante.
Hay algo más que conviene recordar: estás escribiendo para ti. No necesitas utilizar palabras especiales, justificar lo que sientes ni construir un texto que impresionaría a quien lo leyera. Puedes contradecirte, tachar una frase o empezar diciendo que no tienes ni idea de qué contestar.
Si te quedas en blanco, prueba este comienzo: «No sé muy bien qué responder, pero me acuerdo de una vez que…». Después cuenta lo sucedido sin preocuparte demasiado por relacionarlo con la pregunta. A veces esa relación aparece mientras escribes; otras tendrás simplemente un recuerdo que merece quedarse en tu diario.
Para que veas cómo puede funcionar, vamos a recorrer diez preguntas de autoconocimiento. Cada una aborda un aspecto diferente y viene acompañada de una explicación y dos ejemplos de escritura.
Los ejemplos no son respuestas que debas imitar. Representan a personas imaginarias que recuerdan situaciones distintas y escriben sobre ellas con sus propias dudas. Su función es mostrarte posibles maneras de comenzar, no indicar qué deberías descubrir sobre ti.
04 · DIEZ PREGUNTAS PARA EXPLORAR
10 preguntas de journaling para autoconocimiento, con explicaciones y ejemplos de escritura

Conocerse mejor no consiste únicamente en descubrir qué nos gusta o qué nos molesta. También tiene que ver con reconocer las historias que contamos sobre nosotros, las situaciones en las que reaccionamos de manera inesperada y las pequeñas decisiones que tomamos casi sin pensarlo.
Las siguientes preguntas se acercan a esos asuntos desde situaciones cotidianas. Algunas pueden llevarte a recuerdos recientes; otras, a costumbres que llevas años repitiendo. Puedes leerlas todas antes de decidir cuál responder o detenerte en cuanto encuentres una que te interese.
PREGUNTA 01 · LAS HISTORIAS QUE CONTAMOS
¿Qué historia sobre mí suelo contar siempre de la misma manera?
Todos tenemos algunas historias que hemos contado tantas veces que casi nos salen solas. Cómo conocimos a nuestra pareja, por qué elegimos una profesión, qué ocurrió cuando cambiamos de ciudad o por qué dejamos de hacer algo que antes nos gustaba.
Con el tiempo, esas historias suelen hacerse más breves. Eliminamos detalles, escogemos los momentos que mejor explican lo ocurrido y terminamos utilizando una versión bastante parecida cada vez que alguien nos pregunta. No tiene por qué haber nada malo en ello. Sería agotador contar veinte años de vida cada vez que alguien quiere saber por qué trabajamos en determinado sector.
Pero a veces esa versión resumida se convierte en la explicación que también nos damos a nosotros mismos. Decimos que dejamos una actividad porque no teníamos tiempo, aunque recordamos que llevábamos meses perdiendo las ganas. O contamos que aceptamos un trabajo por sus condiciones, sin mencionar que también queríamos demostrar algo.
Piensa en una historia personal que hayas repetido muchas veces. Intenta recordar cómo la contarías normalmente y después qué partes quedaron fuera. No se trata de encontrar una verdad escondida, sino de observar si hay matices que tu relato habitual ya no recoge.
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Ejemplo de escritura
«Cuando me preguntan por qué dejé de tocar en el grupo, siempre digo que no tenía tiempo. Es verdad que empecé a trabajar los sábados y que ensayar se volvió complicado. Pero también recuerdo que los últimos meses iba sin muchas ganas. Las canciones ya no me interesaban tanto y me daba vergüenza decirlo porque los demás seguían entusiasmados. Supongo que era más fácil explicar que tenía demasiado trabajo. No sé si volvería a tocar con ellos aunque ahora tuviera las tardes libres».
02
Ejemplo de escritura
«Siempre cuento que me mudé porque encontré una buena oportunidad de trabajo. Y fue una buena oportunidad. Pero llevaba tiempo queriendo marcharme de mi ciudad y nunca lo decía porque parecía que estaba despreciando mi vida allí. Recuerdo la ilusión que me hizo encontrar piso, incluso antes de saber si me adaptarían el horario. Ahora echo de menos muchas cosas de aquella época. Las dos cosas pueden ser ciertas, aunque normalmente solo cuento la parte del trabajo».
PREGUNTA 02 · CUANDO NOS SORPRENDEMOS
¿Qué he hecho últimamente que no encaja con la idea que tengo de mí?
Podemos pasar años describiéndonos con las mismas palabras. Decimos que somos prudentes, impacientes, reservados, espontáneos o poco atrevidos. Esas descripciones nos ayudan a reconocernos, pero no siempre explican cómo actuamos en cada situación.
Quizá te consideras una persona tímida y el otro día acabaste hablando durante media hora con alguien que acababas de conocer. O llevas años diciendo que disfrutas improvisando, pero durante el último viaje descubriste que necesitabas tenerlo todo bastante más organizado de lo que imaginabas.
Lo interesante no es demostrar que tu descripción anterior estaba equivocada. Podemos disfrutar de la improvisación en algunos momentos y necesitar seguridad en otros. También podemos comportarnos de manera distinta a medida que cambian nuestras circunstancias.
Busca una situación reciente en la que tu propia reacción te sorprendiera. Puede ser algo agradable, incómodo o simplemente inesperado. Recuerda lo que hiciste y por qué te llamó la atención. A veces conocemos mejor nuestros hábitos que nuestras posibilidades de actuar de otra manera.
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Ejemplo de escritura
«El viernes propuse celebrar mi cumpleaños en casa. Me sorprendió porque normalmente me agobia organizar cosas y siempre prefiero que alguien elija el sitio. Pero esta vez me apetecía preparar la cena, poner música y reunir a mis amigos. Me he pasado años diciendo que soy poco sociable. A lo mejor simplemente no me gustan los planes demasiado improvisados. Todavía tengo que pensar cuánta gente quiero invitar, porque tampoco quiero acabar con veinte personas en el salón».
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Ejemplo de escritura
«Siempre he dicho que no me importa cambiar los planes sobre la marcha. Sin embargo, el sábado me puse de bastante mal humor cuando mis amigos decidieron ir a otro restaurante. Ya había mirado la carta del primero y sabía dónde aparcar. Me molestó descubrir lo poco flexible que estaba siendo. Aunque también llevaba una semana complicada y tenía ganas de una noche sencilla, sin tener que pensar demasiado. No sé si me pasa más últimamente o si simplemente aquel día estaba cansado».
Una observación: cuando encuentres una respuesta que contradiga tu imagen habitual, no necesitas apresurarte a cambiar tu manera de definirte. Puedes conservar las dos experiencias. Que hoy hayas actuado de otra manera no borra lo que has vivido anteriormente.
PREGUNTA 03 · LO QUE INTERPRETAMOS
¿Qué pregunta de otra persona suelo interpretar como una crítica?
Una misma pregunta puede sonar completamente distinta según quién la haga, en qué momento llegue y qué experiencias hayamos tenido antes con esa persona.
«¿Todavía estás con ese proyecto?», «¿has pensado qué vas a hacer?» o «¿estás seguro de que te conviene?» pueden expresar curiosidad, preocupación, desacuerdo o impaciencia. Pero también pueden despertar una reacción que tenga bastante que ver con nuestras propias dudas.
Imagina que llevas semanas preocupado porque no sabes si estás avanzando lo suficiente en el trabajo. Si alguien te pregunta cómo va un proyecto, quizá respondas con una larga explicación antes de que haya terminado de hablar. Puede que la otra persona estuviera cuestionando tu trabajo. O puede que solo quisiera conocer el estado de una tarea. Para saberlo, necesitaríamos algo más que la pregunta aislada.
Piensa en alguna pregunta que te haga reaccionar de manera defensiva. Recuerda las palabras exactas, quién las pronunció y qué pensaste inmediatamente después. Luego intenta distinguir qué sabes sobre su intención y qué parte estás interpretando tú. No tienes que justificar a la otra persona ni descartar que realmente estuviera criticándote.
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Ejemplo de escritura
«Cuando mi madre me pregunta si estoy comiendo bien, me molesta muchísimo. Lo escucho como si me estuviera diciendo que no sé cuidar de mí. El domingo le contesté bastante seco y luego me arrepentí. Creo que me sigue hablando como cuando vivía en casa, aunque también es posible que simplemente quisiera saber qué tal me va. Lo curioso es que, cuando un amigo me pregunta lo mismo, no me molesta nada. Con mi madre parece que escucho algo más de lo que está diciendo».
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Ejemplo de escritura
«Mi responsable suele preguntarme cómo llevo las tareas antes de las reuniones. En cuanto lo hace, empiezo a enumerar todo lo que he trabajado, como si tuviera que demostrar que no he perdido el tiempo. Hoy me he dado cuenta de que ni siquiera había preguntado si estaba terminado, solo quería saber qué faltaba. Aunque también es cierto que otras veces ha hecho comentarios que me han sentado mal. Supongo que entro en esas conversaciones esperando que vuelva a pasar».
PREGUNTA 04 · DISFRUTAR DEL PRESENTE
¿Qué me cuesta disfrutar porque ya estoy pensando en lo siguiente?
Hay personas que terminan un proyecto y enseguida empiezan a preparar el siguiente. Otras pasan semanas esperando unas vacaciones y, una vez allí, dedican buena parte del tiempo a organizar lo que harán al volver. Incluso una comida agradable puede convertirse en un descanso demasiado breve entre las tareas que tenemos pendientes.
Pensar en el futuro no es un problema por sí mismo. Planificar puede ayudarnos a organizarnos, anticipar dificultades y disfrutar de cosas que todavía no han llegado. La cuestión es observar qué sucede cuando esa costumbre nos acompaña incluso en momentos que habíamos deseado vivir.
Quizá aprobaste un examen importante y, antes de celebrarlo, empezaste a preocuparte por el siguiente. O recordabas con ilusión un concierto, pero mientras estabas allí no dejabas de mirar la hora porque tenías que madrugar.
Esta pregunta invita a recordar una experiencia agradable que te costó disfrutar. No para reprocharte que no estuvieras suficientemente presente, sino para comprender qué ocupaba tu atención. A veces será una preocupación real; otras, una costumbre tan antigua que apenas nos damos cuenta de que la tenemos.
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Ejemplo de escritura
«La semana pasada terminé un curso que llevaba meses preparando. Cuando me dieron la nota estaba muy contenta, pero duró poco. Enseguida empecé a mirar qué formación podía hacer después, qué certificados necesitaba y si aquello sería suficiente para encontrar otro trabajo. Mi pareja me propuso salir a cenar y yo seguía con el portátil abierto. No es que no me alegrara. Me alegró mucho. Pero parecía que, en cuanto conseguía una cosa, mi cabeza ya estaba haciendo la lista de todo lo que faltaba».
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Ejemplo de escritura
«El sábado fui al concierto que llevaba esperando desde primavera. Lo pasé bien, pero durante las primeras canciones estuve pendiente de dónde habíamos aparcado y de cuánto tardaríamos en salir. Me daba rabia porque llevaba meses escuchando ese disco. Al final guardé el móvil en la mochila y me olvidé un rato de la vuelta. No sé por qué me cuesta tanto dejar algunas cosas para después. El coche seguía donde lo habíamos dejado cuando terminó el concierto».
PREGUNTA 05 · EL MOMENTO PERFECTO
¿Qué cosa pequeña estoy posponiendo porque quiero hacerla en el momento perfecto?
Hay decisiones importantes que merecen tiempo, información y una preparación cuidadosa. Pero también existen asuntos bastante más pequeños que terminamos aplazando porque nunca encontramos las condiciones adecuadas.
Queremos empezar una actividad cuando tengamos menos trabajo, invitar a alguien a casa cuando esté todo ordenado o recuperar una afición cuando dispongamos de varias horas libres. Mientras tanto, pasan las semanas y seguimos imaginando cómo debería ser ese comienzo.
En ocasiones existen obstáculos reales: falta de dinero, responsabilidades familiares, horarios complicados o simplemente cansancio. No todo lo que aplazamos es producto de nuestras exigencias. Pero otras veces las condiciones que esperamos son tan precisas que resulta difícil imaginar cuándo llegarán.
Escoge algo que te gustaría hacer y que lleves tiempo dejando para después. Intenta recordar qué necesitas, según tú, para empezar. Después examina cuáles de esas condiciones son imprescindibles y cuáles harían que la experiencia resultara más cómoda o agradable. Puede que descubras una dificultad concreta que no habías considerado, o que llevas bastante tiempo preparando algo que podría empezar de una manera más sencilla.
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Ejemplo de escritura
«Llevo meses diciendo que quiero invitar a mis primos a cenar. Primero esperaba a terminar de pintar el salón. Después tenía que comprar una mesa más grande y ahora me parece que la terraza está hecha un desastre. El otro día uno de ellos me dijo que podíamos pedir unas pizzas y sentarnos donde fuera. Me hizo gracia porque yo estaba pensando en preparar una cena estupenda y ni siquiera les había preguntado qué les apetecía. Todavía no hemos quedado, pero quizá estoy complicando un plan que solo era para vernos».
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Ejemplo de escritura
«Me gustaría volver a dibujar. Tengo una carpeta llena de fotografías guardadas para cuando tenga tiempo y hasta he mirado cursos. Siempre pienso que empezaré un fin de semana tranquilo, con la mesa despejada y todos los materiales preparados. Pero los sábados termino haciendo la compra o saliendo a caminar y se me pasa. La semana pasada dibujé una planta en una libreta mientras esperaba una llamada. Quedó bastante torcida, pero me entretuve. Ni siquiera había sacado los lápices buenos».
Una posibilidad para seguir escribiendo: después de responder, vuelve a leer qué condiciones estás esperando. Si alguna es realmente necesaria, anótala. Si no lo es, imagina cómo sería empezar sin tenerlo todo preparado. No tienes que hacerlo inmediatamente; la pregunta también puede servir para comprender mejor por qué llevas tiempo aplazándolo.
PREGUNTA 06 · LO QUE NOS EXIGIMOS
¿Qué intento demostrar cuando nadie me lo ha pedido?
Imagínate que un compañero te pide ayuda para preparar una presentación. Te dice que necesita revisar cuatro datos y ordenar un par de diapositivas. Dos horas después sigues delante del ordenador, cambiando los colores, buscando imágenes y repasando detalles que probablemente nadie vaya a mencionar.
Puede que disfrutes haciendo las cosas bien. También es posible que hayas terminado dedicando mucho más esfuerzo del necesario porque querías demostrar que eres una persona responsable, competente o en quien siempre se puede confiar. Nadie te había pedido tanto, pero tú has convertido una pequeña colaboración en una especie de examen.
Esta situación puede aparecer en muchos lugares: al preparar una cena para unos amigos, al aceptar un favor, al organizar una celebración o al intentar resolver un problema que otra persona habría solucionado de forma mucho más sencilla.
La pregunta no pretende que dejes de esforzarte ni que renuncies a hacer bien las cosas. Se trata de observar cuándo ese esfuerzo responde a algo que realmente quieres hacer y cuándo aparece la necesidad de demostrar algo sobre ti. Piensa en una ocasión reciente en la que te exigiste bastante más de lo que la situación parecía requerir. ¿Qué esperabas que los demás vieran en ti? Puede que encuentres una respuesta clara o que descubras que sencillamente disfrutas cuidando ciertos detalles.
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Ejemplo de escritura
«La semana pasada me pidieron que organizara una pequeña reunión de vecinos. Solo tenía que buscar una fecha y reservar el local, pero acabé preparando un documento con horarios, temas y hasta una lista para confirmar asistencia. Estuve toda la tarde con ello. Creo que me empeñé tanto porque soy nuevo en la comunidad y quería que pensaran que podían contar conmigo. La reunión salió bien, aunque nadie necesitó la mitad de lo que preparé. Me gusta organizar las cosas, pero quizá esta vez me pasé un poco».
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Ejemplo de escritura
«Cuando vienen amigos a casa siempre termino agotada. Limpio habitaciones que ni siquiera van a utilizar, preparo demasiada comida y me preocupo porque todo esté perfecto. El sábado una amiga llegó antes de tiempo y me encontró en la cocina, todavía con el delantal puesto y bastante nerviosa. Se puso a cortar el pan y empezamos a hablar. Fue uno de los ratos más agradables de la noche. Me pregunto por qué sigo pensando que tengo que impresionarlos cuando vienen precisamente porque somos amigos».
PREGUNTA 07 · CAMBIAR DE PARECER
¿Qué me cuesta reconocer cuando otra persona tiene razón?
A veces sabemos que la otra persona tiene un buen argumento, pero nos cuesta admitirlo. Seguimos defendiendo nuestra propuesta, buscamos un detalle que no encaje en lo que acaba de decir o cambiamos de tema con una frase como «bueno, ya veremos».
Puede ocurrir en asuntos importantes, pero también en discusiones bastante pequeñas. Insistes en que una ruta es más rápida aunque el navegador indique lo contrario. Defiendes una película que a mitad de camino empieza a aburrirte, simplemente porque fuiste tú quien la recomendó. O rechazas una sugerencia que, si hubiera venido de otra persona, probablemente te habría parecido razonable.
No siempre es cuestión de orgullo. Quizá llevas mucho tiempo trabajando en una idea y te resulta difícil aceptar una crítica cuando todavía no has terminado de explicarla. También puede que la otra persona acostumbre a corregirte de una manera que te incomoda. El tono, la relación y el momento influyen en cómo recibimos lo que nos dicen.
Recuerda una ocasión en la que alguien planteó una opinión diferente a la tuya y, con el tiempo, reconociste que tenía parte de razón. Intenta recuperar tu primera reacción y lo que ocurrió después. Lo interesante no es decidir quién ganó la discusión, sino observar qué hizo difícil escuchar aquella idea.
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Ejemplo de escritura
«Mi hermano lleva meses diciéndome que deberíamos repartir de otra manera las gestiones de nuestros padres. Yo siempre contesto que lo tenemos bien organizado, pero el domingo me enseñó una lista con todo lo que se había encargado de hacer durante septiembre. Había bastantes cosas que ni siquiera sabía que hacía. Me sentó mal verlo, quizá porque pensé que me estaba echando algo en cara. Después reconocí que tenía razón en parte. Todavía no hemos decidido cómo organizarnos, pero ya no puedo seguir diciendo que todo está perfectamente repartido».
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Ejemplo de escritura
«Ayer discutí con una compañera sobre cómo presentar un presupuesto. Yo quería explicar todos los detalles antes de enseñar la cifra final y ella decía que era mejor empezar por el resumen. Insistí bastante porque llevaba dos días preparando el documento. Esta mañana lo he vuelto a leer y creo que su propuesta funciona mejor. Lo curioso es que no me habría molestado tanto si no hubiera trabajado yo en la primera versión. Voy a cambiarlo, aunque todavía me cuesta un poco reconocer que su idea era más clara».
Un matiz importante: escuchar otra opinión no significa tener que aceptarla. Puedes reconocer que alguien ha visto un detalle que se te escapó y seguir pensando de otra manera sobre el resto. No todas las diferencias necesitan resolverse con una persona que tiene razón y otra que se equivoca.
PREGUNTA 08 · LOS AVANCES DISCRETOS
¿Qué hago hoy con naturalidad que antes me resultaba difícil?
La primera vez que conducimos por una carretera desconocida solemos prestar atención a todo. Miramos las señales, comprobamos el navegador y nos preocupamos por encontrar la salida adecuada. Unos meses después podemos recorrer ese mismo trayecto mientras hablamos tranquilamente con quien nos acompaña.
Algo parecido sucede con muchas habilidades cotidianas. Preparar una receta sin consultar cada paso, hablar por teléfono en otro idioma, resolver un trámite complicado o aprender a desenvolverse en una ciudad nueva. Lo que al principio exigía esfuerzo termina convirtiéndose en parte de nuestra rutina.
El problema, si es que podemos llamarlo así, es que dejamos de prestar atención a lo que ya sabemos hacer. Nos acostumbramos tan rápido a nuestras nuevas capacidades que enseguida empezamos a mirar lo siguiente que todavía nos cuesta.
Esta pregunta propone hacer el recorrido contrario. Piensa en una situación actual que te resulte bastante sencilla y recuerda cómo era hace unos años, o incluso hace unos meses. Puede tratarse de una habilidad práctica, una manera diferente de relacionarte o algo que has aprendido por necesidad.
No hace falta encontrar un gran logro. A veces basta con recordar que antes tardabas media hora en hacer algo que ahora resuelves en cinco minutos, o que una situación que te ponía muy nervioso se ha vuelto mucho más familiar.
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Ejemplo de escritura
«Hoy he arreglado la cadena de la bicicleta en menos de diez minutos. Hace un par de años habría tenido que llevarla al taller. Me acuerdo de la primera vez que intenté hacerlo: terminé con las manos negras, vi tres vídeos y aun así la dejé mal colocada. Ahora llevo las herramientas en una bolsita debajo del sillín y ni siquiera me parece complicado. Es una tontería, pero me ha hecho gracia darme cuenta de que ya sé hacer algo que antes me parecía imposible».
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Ejemplo de escritura
«Esta mañana he tenido que explicar una propuesta delante de seis personas. He llevado mis notas, pero apenas las he mirado. Al salir me he acordado de mi primer mes en la empresa, cuando me ponía nerviosa hasta para hacer una pregunta en las reuniones. No sé muy bien cuándo cambió. Supongo que fue después de muchas conversaciones y de equivocarme unas cuantas veces. Todavía me incomoda hablar delante de mucha gente, pero seis personas ya no me parecen tantas».
Para encontrar una respuesta: piensa en algo que has hecho esta semana casi sin esfuerzo. Después imagina cómo lo habrías afrontado la primera vez. El contraste puede ayudarte a recordar un aprendizaje que ahora forma parte de tu vida normal.
PREGUNTA 09 · LO QUE TODAVÍA NO HA PASADO
¿Qué preocupación estoy tratando como si ya hubiera sucedido?
Has enviado una propuesta de trabajo y todavía no te han contestado. Han pasado tres días. Empiezas a imaginar que no les ha gustado, que quizá pediste demasiado dinero o que deberías haber explicado mejor algunos detalles. Incluso preparas mentalmente lo que dirás cuando te comuniquen que han elegido a otra persona.
La realidad, por ahora, es bastante más sencilla: has enviado una propuesta y no has recibido respuesta. Todo lo demás son posibilidades. Algunas pueden ser razonables, especialmente si conoces bien la situación, pero todavía no sabes cuál terminará ocurriendo.
Anticipar dificultades tiene su utilidad. Nos ayuda a prepararnos, calcular riesgos y evitar decisiones precipitadas. Sin embargo, hay ocasiones en las que empezamos a vivir las consecuencias de algo que ni siquiera ha sucedido. Nos enfadamos por una conversación que todavía no hemos tenido o descartamos un plan porque estamos convencidos de que saldrá mal.
Para responder, piensa en una preocupación que hayas tenido durante los últimos días. Anota primero los hechos que conoces y después aquello que supones que podría ocurrir. Quizá encuentres razones suficientes para seguir preocupado. También es posible que descubras que estás dando por seguro un desenlace sobre el que todavía no tienes información.
La intención no es obligarte a pensar en positivo. Es distinguir lo que está sucediendo de lo que imaginas que sucederá, para poder prestar a cada cosa la atención que merece.
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Ejemplo de escritura
«Llevo toda la semana pensando que no voy a conseguir el traslado que he solicitado. Todavía no han publicado las plazas y ya estoy haciendo planes para quedarme aquí otro año. Ayer incluso empecé a buscar otros trabajos. Es verdad que hay bastante gente interesada y que no tengo ninguna garantía de conseguirlo. Pero tampoco me han dicho que no. Creo que llevo días reaccionando a una noticia que todavía no existe. De momento voy a preparar la documentación que me falta, porque eso sí depende de mí».
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Ejemplo de escritura
«El mes que viene tenemos una reunión familiar y llevo días imaginando que volveremos a discutir por lo mismo. Ya he pensado qué contestaré si mi tío empieza a preguntar por mis planes y hasta he considerado no ir. La verdad es que en la última comida estuvimos bastante bien. Hubo una discusión hace meses, pero no todas las reuniones terminan igual. Puede que vuelva a pasar y prefiero tener claro qué comentarios no quiero discutir. Lo que no sé es por qué llevo una semana entera ensayando una conversación que quizá no ocurra».
PREGUNTA 10 · CUANDO CAMBIAN LOS DESEOS
¿Qué he dejado de querer aunque antes me hiciera mucha ilusión?
Hay ilusiones que nos acompañan durante años. Queremos vivir en una ciudad determinada, conseguir un puesto de trabajo, hacer un viaje o aprender una habilidad que imaginamos formando parte de nuestra vida futura.
Con el tiempo, algunas de esas ganas cambian. A veces desaparecen por completo; otras se transforman en algo diferente. Lo curioso es que podemos seguir hablando de ciertos proyectos como si todavía nos entusiasmaran, simplemente porque llevamos mucho tiempo identificándonos con ellos.
Imagina que durante años quisiste comprar una casa en el campo. Guardabas fotografías, mirabas anuncios y hablaban contigo de ese proyecto como si fuera una decisión pendiente. Ahora disfrutas viviendo en la ciudad, cerca de tus amigos, y la idea de pasar los fines de semana arreglando una casa ya no te atrae tanto. Sin embargo, cada vez que alguien te pregunta por aquel sueño, contestas que algún día lo harás.
No siempre resulta fácil reconocer que hemos cambiado de opinión. A veces hemos invertido tiempo o dinero en un proyecto. Otras hemos compartido tanto una ilusión con las personas cercanas que abandonarla parece exigir una explicación. También puede darnos pena perder el entusiasmo que sentíamos antes, incluso cuando ya no queremos exactamente lo mismo.
Esta última pregunta propone recordar algo que deseabas mucho en otra etapa de tu vida. Intenta distinguir qué te atraía entonces, qué ha cambiado desde aquel momento y qué sientes ahora al pensar en ello. Tal vez descubras que todavía te interesa, pero de una manera distinta. O quizá reconozcas que has seguido persiguiendo una idea más por fidelidad a quien eras antes que por las ganas que tienes hoy.
01
Ejemplo de escritura
«Durante años quise tener mi propio negocio. Me imaginaba trabajando por mi cuenta, eligiendo mis horarios y haciendo las cosas a mi manera. Incluso llegué a preparar un pequeño plan y buscar locales. Ahora tengo un trabajo que me gusta bastante y disfruto mucho cuando termino la jornada y no tengo que pensar en nada más. A veces sigo diciendo que algún día montaré algo, pero no estoy seguro de quererlo. Me cuesta reconocerlo porque era una idea que me ilusionaba muchísimo. Quizá vuelva a interesarme más adelante, aunque ahora mismo no la echo de menos».
02
Ejemplo de escritura
«Cuando tenía veinte años quería hacer un viaje larguísimo por varios países. Guardaba rutas, leía blogs y decía que algún día me marcharía durante seis meses. El otro día encontré aquella carpeta en el ordenador. Me hizo ilusión verla, pero también me di cuenta de que ahora no me apetece pasar tanto tiempo fuera. Me gusta viajar, solo que prefiero hacerlo de otra manera. Quizá alguna vez me anime a estar un mes entero en otro lugar. No siento que haya renunciado al viaje de mi vida; creo que simplemente ya no imagino ese viaje igual».
Algo que merece la pena recordar: descubrir que un deseo ha cambiado no obliga a tomar una decisión inmediata. Puedes conservar un proyecto mientras averiguas si todavía te interesa, recuperarlo en otra etapa o dejar que se convierta en un buen recuerdo. No todo lo que alguna vez quisiste tiene que seguir formando parte de tus planes.
Estas diez preguntas se acercan al autoconocimiento desde lugares diferentes. Algunas observan cómo nos comportamos con otras personas; otras se fijan en nuestras expectativas, nuestras costumbres o las maneras en que hemos cambiado.
Quizá alguna te haya resultado fácil de responder y otra te haya dejado pensando. También puede que, al leer los ejemplos, hayas recordado una situación que aparentemente no tenía mucho que ver con la pregunta. Puedes utilizarla igualmente. La escritura personal no necesita seguir un recorrido exacto para resultar interesante.
Y una vez que has escrito, todavía queda otra posibilidad: volver a esas páginas tiempo después. No para corregir lo que pensabas entonces, sino para observar qué ha ocurrido desde aquel momento y qué cosas ves ahora de otra manera.
05 · DESPUÉS DE LA RESPUESTA
Qué hacer después de responder una pregunta de journaling
Has elegido una pregunta, has recordado una situación y has escrito un par de páginas. Quizá has terminado con una idea más clara sobre lo que te ocurrió. O quizá has acabado hablando de algo completamente diferente de lo que tenías pensado al empezar.
¿Y ahora qué?
Una posibilidad es cerrar el diario y continuar con tu día. No todas las entradas necesitan una segunda lectura ni tienen que conducir a una decisión. A veces escribimos simplemente porque nos apetece detenernos en un recuerdo, ordenar lo sucedido o dejar constancia de lo que pensamos en ese momento.
Pero si utilizas el journaling para conocerte mejor, hay algunas formas de volver sobre lo escrito que pueden resultar interesantes. No porque tengas que encontrar un significado oculto en cada frase, sino porque la distancia entre lo que escribiste y lo que piensas ahora puede mostrarte detalles que antes no veías.
Volver a leer sin intentar corregir a tu yo de antes
Imagina que encuentras una entrada de tu diario de hace seis meses. Habías empezado en un trabajo nuevo y escribiste sobre lo difícil que te resultaba preguntar cuando no sabías hacer algo. Te preocupaba molestar a tus compañeros y preferías intentar resolver las dudas por tu cuenta, aunque terminaras perdiendo bastante tiempo.
Ahora llevas medio año en ese puesto. Sigues sin saberlo todo, pero preguntas con más naturalidad y hasta has empezado a ayudar a otras personas que acaban de llegar.
La entrada antigua quizá te parezca exagerada al leerla desde tu situación actual. Sin embargo, en aquel momento recogía una preocupación que era real para ti. No necesitas tacharla ni escribir debajo que estabas equivocado. Puedes conservarla como parte de una etapa que ahora recuerdas desde otro lugar.
01
Lo que escribiste entonces
«Cada vez que tengo que preguntar algo en la oficina me siento bastante torpe. Hoy he pasado casi una hora intentando resolver un problema que Marta me ha explicado en cinco minutos. Me da vergüenza estar preguntando continuamente. A veces pienso que quizá debería saber hacer más cosas a estas alturas».
02
Lo que escribirías seis meses después
«Hoy he ayudado a un compañero que acaba de incorporarse. Tenía una duda con el mismo programa que me volvía loco cuando empecé. Me ha hecho gracia acordarme de lo mucho que me costaba preguntar. Ahora tampoco me gusta interrumpir a nadie, pero ya no me paso una hora buscando una solución si sé que alguien puede explicármela».
Las dos respuestas hablan de una misma persona en momentos diferentes. No hay una versión correcta y otra equivocada. La segunda permite reconocer un cambio que quizá había pasado desapercibido entre reuniones, tareas y jornadas de trabajo.
Repetir una pregunta puede resultar más interesante de lo que parece
Cuando encontramos una pregunta que nos interesa, solemos pensar que, una vez respondida, ya hemos terminado con ella. Pero hay preguntas que pueden acompañarnos durante años precisamente porque nuestra respuesta no permanece igual.
«¿Qué necesito ahora de mis amistades?» puede conducir a una respuesta cuando acabas de mudarte a otra ciudad y a otra muy diferente después de llevar varios años viviendo allí. «¿Qué quiero conservar de mi vida actual?» tampoco tiene por qué significar lo mismo a los veinticinco que a los cincuenta.
Incluso si tu respuesta apenas cambia, eso también puede decirte algo. Quizá sigas valorando la misma costumbre, recordando con cariño a una persona o encontrando dificultades en situaciones parecidas. Lo interesante está en observar las diferencias y las continuidades, no en demostrar que has progresado.
1
Conserva la fecha
Anotar cuándo has respondido una pregunta permite situarla en una etapa concreta. Dentro de unos meses quizá recuerdes qué estaba ocurriendo entonces y por qué aquel asunto te interesaba tanto.
2
Lee con curiosidad
Fíjate en los detalles que mencionabas, las cosas que te preocupaban y lo que dabas por hecho. No necesitas juzgar si tu respuesta era madura, razonable o acertada.
3
Responde de nuevo si te apetece
Hazlo sin consultar constantemente la respuesta anterior. Después puedes comparar ambas y observar qué ha cambiado, qué permanece y qué detalles nuevos han aparecido.
No tienes que releerlo todo. Algunas páginas pueden resultar demasiado personales o recordar momentos a los que no te apetece regresar. Puedes dejarlas cerradas. Llevar un diario también implica decidir qué quieres conservar, revisar o simplemente dejar escrito.
06 · CONTINUAR ESCRIBIENDO
Los diarios guiados: una forma de seguir conociéndote a través de preguntas
Puede que hayas leído las diez preguntas anteriores y ya sepas sobre cuál te gustaría escribir. Quizá incluso hayas recordado varias situaciones y estés pensando en recuperar ese cuaderno que lleva meses guardado en un cajón.
Pero también puede ocurrir algo bastante habitual: hoy encuentras una pregunta interesante, escribes durante un rato y disfrutas de la experiencia. Mañana vuelves a abrir el diario y no sabes muy bien qué hacer. Piensas un poco, pruebas a recordar algo del día y terminas cerrándolo porque no se te ocurre por dónde continuar.
No tiene por qué significar que hayas perdido el interés. A veces simplemente resulta más fácil escribir cuando alguien ya ha preparado una pregunta que merece la pena explorar.
Para eso pueden servir los diarios guiados. En lugar de partir siempre de una página completamente en blanco, dispones de una propuesta de escritura que te acompaña. Según el diario, puede tratarse de una secuencia de preguntas, reflexiones, ejercicios u otros contenidos que ofrecen un punto de partida.
La diferencia no está en que el diario sepa qué necesitas responder. Está en que te ofrece asuntos sobre los que quizá no se te habría ocurrido escribir por iniciativa propia, y una estructura para acercarte a ellos.
Qué puede aportarte un diario guiado frente a una lista de preguntas
Una lista de preguntas puede ser muy útil, especialmente cuando buscas inspiración para escribir de manera ocasional. Un diario guiado puede ofrecerte algo diferente: un contexto que ayuda a comprender las preguntas y una experiencia de escritura que no depende únicamente de elegir una frase al azar.
01
Un punto de partida preparado
No necesitas inventar cada pregunta. Puedes dedicar ese tiempo a recordar situaciones, pensar qué quieres contar y encontrar tu propia manera de responder.
02
Perspectivas diferentes
Es fácil escribir siempre sobre los mismos temas. Un diario con propuestas variadas puede acercarte a recuerdos, costumbres y cuestiones que normalmente no aparecen en tus páginas.
03
Una experiencia a la que regresar
Puedes conservar lo que escribes, volver a una pregunta que te interesó y observar cómo cambia tu respuesta. No todo tiene que completarse de una vez ni siguiendo un calendario estricto.
La importancia de contar con una explicación y ejemplos de escritura
Una pregunta puede parecer sencilla hasta que intentamos responderla. «¿Qué necesitas ahora?» son apenas cuatro palabras, pero abarcan tantas posibilidades que quizá no sepas si hablar de tus relaciones, de tu trabajo, del descanso o de algo que todavía no tienes muy claro.
Una explicación bien planteada puede ayudarte a concretar. Puede sugerirte que recuerdes una situación reciente, mostrarte distintas formas de interpretar la pregunta o señalar algún detalle en el que no habías reparado.
Los ejemplos de escritura cumplen otra función. Te permiten ver cómo alguien podría transformar una idea general en un texto personal. No se trata de proporcionar respuestas correctas, sino de mostrar que puedes empezar describiendo algo muy sencillo: una conversación, una decisión, una costumbre o una pequeña contradicción.
Los diez ejercicios de este artículo siguen precisamente ese planteamiento. Primero encuentras una pregunta, después una explicación que te ayuda a explorarla y finalmente dos respuestas diferentes para que puedas imaginar cómo sería escribir la tuya.
Una pregunta puede darte el punto de partida. Lo que escribas a partir de ella será algo que nadie más puede responder por ti.
07 · DUDAS HABITUALES
Preguntas frecuentes sobre el journaling para autoconocimiento
Cuando empezamos a escribir un diario suelen aparecer algunas dudas: cuánto deberíamos escribir, qué hacer si no encontramos una respuesta o si existe una manera más adecuada de llevarlo. Estas son algunas cuestiones que conviene aclarar antes de convertir una práctica personal en una colección de reglas.
¿Tengo que hacer journaling todos los días para conocerme mejor?
No es necesario. Puedes escribir diariamente si disfrutas de esa rutina, pero también puedes hacerlo dos veces por semana o únicamente cuando una pregunta despierte tu interés. Lo importante es encontrar una frecuencia que encaje con tu vida. Escribir todos los días por obligación no garantiza que las reflexiones sean más interesantes o que comprendas mejor lo que te ocurre.
¿Qué hago si una pregunta me resulta demasiado personal o incómoda?
Puedes dejarla sin responder. No tienes que explorar todos los asuntos que aparezcan en un diario ni escribir sobre experiencias que prefieres mantener al margen. También puedes acercarte a la pregunta desde una situación más sencilla o retomarla en otro momento. El hecho de que una pregunta resulte incómoda no significa que estés obligado a encontrar una respuesta.
¿Puedo repetir las mismas preguntas de journaling varias veces?
Sí. De hecho, puede ser interesante regresar a una pregunta después de varias semanas o meses. Quizá recuerdes otras experiencias, hayas cambiado de opinión o sigas pensando prácticamente lo mismo. Conservar las respuestas con fecha te permitirá observar esas diferencias sin tener que decidir cuál representa mejor quién eres.
¿Es mejor escribir un diario a mano o utilizar una aplicación?
Depende de tus preferencias. Hay personas que disfrutan del cuaderno, del ritmo de la escritura a mano y de tener sus páginas en papel. Otras prefieren escribir desde el ordenador o el móvil porque les resulta más cómodo y pueden guardar sus textos en un mismo lugar. Puedes elegir el formato que más te apetezca utilizar e incluso combinar ambos.
08 · PARA TERMINAR
Una buena pregunta no tiene por qué darte una respuesta definitiva
Al principio de este artículo aparecía una frase bastante corriente: «Hoy he tenido un día raro». Podría haberse quedado ahí, como una anotación más en un cuaderno. Pero al preguntarnos qué había ocurrido, empezaron a aparecer detalles: una conversación, una expectativa y una manera particular de interpretar lo sucedido.
Eso es lo que pueden ofrecernos las preguntas de journaling. No una explicación definitiva sobre quiénes somos, sino la posibilidad de examinar experiencias que normalmente pasan demasiado deprisa.
Algunas respuestas te sorprenderán. Otras confirmarán algo que ya sabías. Habrá preguntas que te interesen mucho y otras que no tengan demasiado sentido para ti en este momento. Incluso puede que vuelvas a una de ellas dentro de unos meses y te resulte extraño leer lo que escribiste la primera vez.
Para empezar, no necesitas responder las diez preguntas del artículo. Puedes elegir una sola. La que te haya recordado una conversación, una costumbre o algo que llevabas tiempo sin pensar. Abre tu diario y cuenta esa situación con tus propias palabras.
Quizá después quieras hacerte otra pregunta. O quizá por hoy tengas bastante con lo que has escrito.
Diarios Guiados