Soltar no es rendirse, es dejar de insistir donde ya no hay vida

Cuando soltar es un acto de cuidado y no de derrota

Soltar es una de esas palabras que suenan bien desde fuera, pero que duelen cuando toca aplicarlas. Porque soltar no es olvidar, ni pasar página sin mirar atrás. Soltar suele implicar aceptar que algo no fue como esperabas. Que no será. Y que seguir sosteniéndolo solo te mantiene atado a una versión de la vida que ya no existe.

Muchas veces seguimos insistiendo no porque haya esperanza real, sino porque nos cuesta dejar morir lo que imaginamos. Los planes que hicimos, las conversaciones que nunca llegaron, la idea de cómo creíamos que iba a ser.

Soltar no es tomar el camino fácil. A veces es justo lo contrario. Es elegir lo que te hace bien aunque duela. Es caminar con el corazón roto sin volver atrás solo por miedo al vacío.

El problema es que cuando no soltamos, el cuerpo y la mente empiezan a avisar. No de golpe, sino poco a poco. Con cansancio, con tristeza que no se va, con una sensación constante de estar forzando algo que ya no fluye.

Algunas señales de que quizá estás sosteniendo algo que ya no tiene vida pueden ser estas:

  • Pensar constantemente en lo que fue o pudo ser.
  • Sentir culpa solo por plantearte dejarlo ir.
  • Notar que sigues ahí más por miedo que por deseo.
  • Idealizar el pasado para no mirar el presente.
  • Sentir alivio solo al imaginar que lo sueltas.

Soltar no ocurre de un día para otro. No es lineal. Hay días en los que parece que avanzas y otros en los que todo vuelve a doler. Pero soltar también es una forma de cuidarte. De dejar de insistir donde ya no hay espacio para crecer.

La reflexión

“Soltar no es rendirse. Es aceptar que algo no fue, que no será y que seguir insistiendo solo alarga el dolor. A veces duele más quedarse donde ya no hay vida que atreverse a empezar de nuevo. Soltar es elegirte, incluso cuando hacerlo rompe un poco.”

Practica el Journaling con el diario de amor propio

Ejemplo para escribir

Hoy he vuelto a revisar una conversación antigua en el móvil. No porque hubiera algo nuevo, sino porque sigo esperando que aparezca algo distinto. Un mensaje que no llega. Una explicación que nunca vino. Y me he dado cuenta de que llevo meses sosteniendo algo que ya terminó, aunque me cueste aceptarlo.

Quedo con esa persona de vez en cuando, hablamos de cosas superficiales, todo parece normal. Pero cuando vuelvo a casa siempre siento un vacío raro, como si estuviera traicionándome un poco por seguir ahí. No es que pase nada malo, es que ya no pasa nada verdadero.

Hoy he sido honesto conmigo. He visto que sigo insistiendo por miedo a soltar del todo, no porque aún haya vida ahí. Me asusta el silencio que vendrá después, pero también me cansa seguir esperando algo que no llega.

Si quieres, puedes escribir ahora tu propia versión de esta pregunta. ¿Qué te cuesta soltar aunque sepas que ya no es para ti?



Un regalo para ti

También puede interesarte

Deja una respuesta