¿Qué te cuesta más soltar: personas o expectativas?

La dificultad de dejar lo que imaginamos

En las relaciones —y no solo de pareja, también amistades, familia, trabajo o proyectos personales— hay algo que casi nunca mencionamos pero que condiciona más de lo que creemos: la fuerza de las expectativas. No hablamos de sueños grandiosos ni de fantasías irreales, sino de esa imagen íntima y silenciosa que nos hacemos de cómo podrían ser las cosas si todo encajara como deseamos. Esa imagen se vuelve un punto de referencia, un mapa interno, una especie de promesa que nadie nos hizo, pero que nosotros damos por válida.

Con el tiempo, esa expectativa empieza a mezclar recuerdos, ideales, deseos y pequeñas señales que interpretamos como confirmación. No es extraño: todos queremos que nuestros vínculos crezcan, que nuestros proyectos avancen, que nuestras relaciones se mantengan vivas. Pero a veces, sin darnos cuenta, comenzamos a sostener más lo que imaginamos que lo que realmente existe.

Soltar se vuelve difícil no por lo que vivimos, sino por lo que pensamos que podríamos haber vivido.
Y ahí aparece una especie de fricción interna: no queremos abandonar lo que creemos que todavía puede mejorar, aunque la realidad lleve tiempo mostrándonos otra cosa. La mente insiste, el cuerpo se cansa, y el corazón queda atrapado entre lo que siente y lo que esperaba sentir.

Las expectativas funcionan como un filtro emocional. No siempre vemos lo que es: vemos lo que deseábamos que fuera. Y ese filtro, si no lo revisamos, puede llevarnos a permanecer en lugares donde ya no estamos presentes de verdad. O, peor aún, a exigirnos seguir cuidando algo que ya no responde, solo porque nos duele aceptar que no llegará a convertirse en lo que imaginamos.

Algunas señales de que estás sosteniendo más la expectativa que la realidad pueden ser estas:

  • Mantienes un vínculo por lo que fue, no por lo que es hoy.
  • Te descubres recordando momentos pasados para justificar lo que ya no encaja.
  • Te dices “seguro que cambiará” aunque ya llevas tiempo viendo lo contrario.
  • Evitas enfrentar la incomodidad actual porque te aferra más la idea del futuro que soñaste.
  • Sigues dando más de lo que recibes, esperando que eso reactive algo que ya no está vivo.
  • Sientes culpa al plantearte distanciarte, aunque también sientes desgaste al quedarte.

Ninguna de estas señales significa que fallaste, ni que eres débil, ni que no sabes poner límites. Lo que muestran es algo profundamente humano: nos cuesta aceptar que lo que imaginamos con cariño no siempre coincide con lo que la vida nos entrega.

A veces, el duelo más duro no es por la relación que termina, sino por la historia que no pudo empezar. Por esa versión del vínculo que existió solo en tu mente, pero que te acompañó durante mucho tiempo. Y, aun así, soltar esa expectativa puede ser un acto de honestidad y cuidado hacia ti mismo.

La reflexión

“A veces no seguimos en algo por lo que es, sino por lo que esperábamos que fuera. Una relación, una amistad, un proyecto… no porque nos haga bien, sino porque cuesta aceptar que no va a ser como imaginábamos. Nos apegamos a la idea que creamos, a lo que soñamos que un día pasaría. Y mientras tanto, lo que realmente es, duele. Pero seguir esperando también cansa. A veces, soltar no es rendirse. Es dejar de insistir donde ya no hay lugar.”

Practica el Journaling con el diario de preguntas

Ejemplo para escribir

Hoy me he dado cuenta de que sigo quedando con una amiga de toda la vida más por costumbre que por conexión real.
Hemos compartido muchas cosas durante años, pero últimamente salgo de cada encuentro sintiéndome rara, como si no me hubiera mostrado del todo.

Lo pensé ayer, después de vernos. Ella me contó sus cosas de siempre, yo sonreí y asentí, pero había algo en el ambiente que ya no me encajaba. Como si nuestras versiones actuales no terminaran de encontrarse. Lo más curioso es que, cuando volví a casa, no sentí alegría por haberla visto. Sentí culpa por no haber sido más auténtica.

Creo que me cuesta aceptar que la relación ya no es lo que fue. Que el cariño sigue, pero la conexión ya no. Y sin embargo, me sigo obligando a quedar, a estar disponible, a sostener una cercanía que ya no me nace. ¿Por qué? Porque en mi cabeza todavía tengo la idea de que algún día todo volverá a ser como antes. Porque me duele aceptar que hemos cambiado.

Hoy quiero escribir sobre eso. No para tomar una decisión drástica, pero sí para mirar lo que hay sin filtros. Para preguntarme si estoy ahí por lo que realmente vivimos ahora… o por la expectativa de lo que alguna vez fuimos.

Si quieres, puedes escribir ahora tu propia versión de esta pregunta. ¿Qué te cuesta más soltar: personas o expectativas?



Un regalo para ti

También puede interesarte

Deja una respuesta