¿Qué parte de tu dolor estás descargando en otros sin darte cuenta?

Cuando el dolor que no miras acaba saliendo por otro lado

No siempre dañamos porque queramos hacerlo. Muchas veces dañamos porque no sabemos qué hacer con lo que nos duele. Porque nadie nos enseñó a sostener el malestar, a ponerle nombre, a darle espacio sin que se convierta en algo que explota.

El problema es que lo que no se expresa, se filtra.

Cuando no atendemos nuestro dolor, acaba buscando salida. A veces en forma de distancia con quienes queremos. Otras en exigencia, en dureza, en respuestas secas que no encajan del todo con la situación. No es maldad, es acumulación.

Muchas personas cargan con heridas antiguas mientras intentan hacer vida normal. Siguen adelante, cumplen, ayudan, escuchan… pero por dentro algo se va tensando. Y llega un punto en el que cualquier comentario, cualquier error ajeno, toca justo donde más duele.

Algunas señales de que estás descargando tu dolor sin darte cuenta pueden ser estas:

  • Responder con irritación a cosas pequeñas.
  • Exigir a otros lo que tú no te permites necesitar.
  • Alejarte sin explicar qué te pasa.
  • Sentir culpa después de hablar, pero no saber por qué.
  • Notar que siempre estás a la defensiva.

Mirarlo no es cómodo, pero es necesario. Porque mientras no revisamos nuestras heridas, seguimos actuando desde ellas. Y sin querer, acabamos transmitiendo justo lo que más nos ha dolido recibir.

La reflexión

“No siempre dañamos porque queramos hacerlo. A veces lo hacemos porque no hemos sabido qué hacer con lo que nos duele. Callamos lo nuestro, lo acumulamos, y acaba saliendo en forma de distancia, exigencia o dureza con los demás. Mirarlo no es cómodo, pero es necesario. Porque cuando no revisamos nuestras heridas, terminamos actuando desde ellas. Y sanar empieza por reconocer qué estamos transmitiendo sin querer.”

Practica el Journaling con el diario de preguntas

Ejemplo para escribir

Hoy he tenido una discusión tonta con alguien cercano. No era para tanto, pero he reaccionado mal. He levantado la voz, he dicho cosas que no pensaba y después me he quedado con un nudo en el estómago. No era enfado solo por ese momento, lo he notado enseguida.

Más tarde, al estar a solas, me he dado cuenta de que llevaba días cansado, triste y sin decirlo. Me he estado exigiendo seguir como si nada, no molestar, no pedir ayuda. Y todo eso que no he expresado ha salido de golpe, pero en la persona equivocada.

No quería herir, pero lo he hecho. Y eso me obliga a mirarme. A preguntarme qué parte de mi dolor estoy dejando caer sobre otros por no saber sostenerla yo.

Si quieres, puedes escribir ahora tu propia versión de esta pregunta. ¿Qué parte de tu dolor estás descargando en otros sin darte cuenta?



Un regalo para ti

También puede interesarte

Deja una respuesta