¿Qué has aprendido en tus días más oscuros?

Lo que los días oscuros vienen a enseñarte

Hay aprendizajes que no llegan cuando todo va bien. Llegan cuando algo se rompe, cuando te sientes perdido, cansado o más frágil de lo que te gustaría admitir. No aparecen en los momentos de calma, sino en esos días en los que cuesta levantarse, responder mensajes o fingir que todo está bajo control.

En esos días no hay frases bonitas que valgan. No hay motivación inmediata ni soluciones rápidas. Lo que hay es realidad. Y, aunque duela, esa realidad también enseña.

Los días difíciles no llegan para castigarte, llegan para mostrarte cosas que normalmente no quieres mirar: tus límites, tus miedos, tus carencias y también tu capacidad de resistir. Porque incluso cuando sientes que no puedes más, sigues aquí.

Con el tiempo, muchas personas descubren que en los momentos más oscuros aprenden cosas como estas:

  • Que la felicidad no siempre se siente, a veces se elige.
  • Que son más fuertes de lo que creían.
  • Que sentir ansiedad o tristeza no los hace débiles.
  • Que el trabajo interior puede ser solitario, pero necesario.
  • Que amar a distancia, en algunos casos, también es cuidarse.
  • Que no todo el mundo quiere verte bien, y eso duele aceptarlo.

Quizá lo más difícil de aceptar es que no puedes forzarte a sanar rápido. Que no todo se arregla con ganas. Y que quedarte en lugares, relaciones o dinámicas que te agotan solo retrasa el proceso.

La reflexión

“En los días más oscuros aprendes que no todo depende de ser fuerte. Aprendes a escucharte, a bajar el ritmo, a aceptar que no puedes con todo. Descubres que algunas personas se quedan y otras se van, y que eso también es información. Poco a poco entiendes que no puedes forzarte a sanar rápido ni quedarte en relaciones que te agotan. A veces, sobrevivir ya es avanzar.”

Practica el Journaling con el diario de preguntas

Ejemplo para escribir

Recuerdo una etapa en la que todo se me hacía cuesta arriba. No había pasado nada concreto, pero llevaba semanas durmiendo mal, sin ilusión por cosas que antes me gustaban. Iba al trabajo, cumplía, volvía a casa y me sentaba en el sofá sin energía para nada más.

Un día, al salir del trabajo, pensé en escribirle a alguien para quedar y despejarme. Abrí el móvil, miré la lista de contactos y lo cerré. Me di cuenta de que no quería tener que explicar demasiado ni fingir estar bien. Ese gesto tan pequeño me hizo entender lo solo que me sentía en realidad.

Esa noche no hice nada especial. Me preparé algo de cenar, me acosté antes y dejé de exigirme estar mejor al día siguiente. Fue la primera vez en mucho tiempo que me permití no poder con todo.

Con el paso de los días entendí que ese cansancio no era pereza ni falta de ganas, era una señal. Una forma que tenía mi cuerpo de decirme que necesitaba parar, revisar mis prioridades y soltar cosas que ya no podía sostener.

Si quieres, puedes escribir ahora tu propia versión: ¿qué te enseñaron tus días más oscuros sobre ti?



Un regalo para ti

También puede interesarte

Deja una respuesta