Empezamos este curso por el principio: entender por qué, en determinados momentos de la vida, escribir se convierte en algo más que una actividad creativa. La mayoría de personas no llegan a la escritura reflexiva buscando inspiración, llegan porque necesitan espacio. Porque llevan semanas sintiendo que algo dentro se les queda pequeño, porque han intentado aclararse pensando, hablando o distrayéndose… y nada ha funcionado del todo.
Escribir aparece cuando la cabeza ya no da más vueltas y, aun así, nada termina de encajar.
Este capítulo es para ese momento.
No vamos a hablar de técnicas todavía, solo vamos a entender qué pasa por dentro cuando sentimos que necesitamos escribir. Ese es el verdadero inicio.

Cuando empiezas a darte cuenta de que algo no va bien
Suele pasar sin aviso, te notas más irritable, más cansado o menos presente. Empiezas a reaccionar de formas que no encajan contigo. Un día te sorprende lo mucho que te ha afectado un simple comentario. Otro día descubres que estás pensando demasiado en algo que, en teoría, no debería importarte tanto.
Nada grave, pero tampoco ligero.
Solo incómodo.
Este tipo de señales son fáciles de ignorar cuando estás metido en rutinas, pero el cuerpo las nota antes que tú. Duermes peor, te cuesta concentrarte, arrastras una especie de tensión que no sabes ubicar.
Es justo ahí cuando escribir empieza a tener sentido.
No como método, sino como salida.
Porque, aunque no lo parezca, escribir es una forma de escucharte con más precisión que hablando o pensando, al menos para algunas personas.
Lo que no expresamos no desaparece
Una de las razones más sencillas por las que escribir ayuda es esta: lo que no dices no se evapora, se queda, y lo hace en forma de acumulación mental.
Todos tenemos una especie de “cajón interno” donde guardamos lo que no queremos enfrentar en el momento. Un conflicto, un miedo pequeño, una inseguridad que te sigue a todas partes, una conversación que evitaste. Parece que lo olvidamos, pero no es así, y ese cajón se llena, aunque no lo abras.
Y cuando está lleno, lo notas.
Te cuesta comprenderte, te cuesta distinguir qué te pasa y te cuesta incluso disfrutar de las cosas que antes iban solas.
Escribir vacía ese cajón poco a poco.
No resuelve todo, pero libera espacio suficiente para volver a respirar poco a poco.
Un ejemplo claro:
– Si has discutido con alguien, al escribir no revives el enfado, lo separas.
– Si llevas días preocupado por algo, escribir te obliga a concretar qué parte es real y que son suposiciones.
– Si estás saturado, escribir te permite ver qué pertenece al día y qué pertenece a un cansancio más profundo.
Son diferencias pequeñas que hacen mucho.
Pensar mezcla, escribir separa
El principal motivo por el que escribir aclara no es emocional, es práctico. La mente puede imaginar, exagerar, dramatizar y crear escenarios enteros sin ningún tipo de límite. Una frase escrita, en cambio, obliga a decidir, no se puede incluir todo; hay que elegir.
Ese filtro es lo que ordena.
Por ejemplo:
– No es lo mismo “estoy fatal” que “hoy me ha dolido sentirme ignorado en esa conversación”.
– No es lo mismo “no puedo más” que “llevo semanas durmiendo mal y lo estoy pagando”.
– No es lo mismo “me agobia todo” que “tengo miedo de no estar a la altura en esto concreto”.
En cuanto concretas, la intensidad baja y la claridad sube.
Una historia sencilla que resume esto
Hace un tiempo, una persona me contó que llevaba meses sintiéndose perdida. Había intentado hablarlo con amigos, pero no sabía explicar qué le pasaba, todo era demasiado vago. Pero un día abrió un cuaderno y después de varios párrafos sin mucho sentido escribió la frase, “creo que me estoy exigiendo más de lo que puedo dar”, ya a partir de ahí, todo empezó a cambiar.
No era una frase profunda.
Era simplemente la primera vez que conseguía decir algo concreto.
Esa es la utilidad de escribir.
No te hace descubrir algo nuevo, te muestra lo que ya sabías, pero de forma mas nítida.
Qué puedes descubrir al escribir
La escritura reflexiva ayuda porque permite ver cosas que en el ajetreo del día eclipsan. Algunas de las más habituales son:
- Tensiones que llevas acumulando sin darte cuenta.
- Necesidades que estabas posponiendo.
- Temas que vuelven una y otra vez.
- Límites que te cuesta poner.
- El verdadero motivo detrás de una emoción intensa.
Escribir es como poner luz en un sitio que siempre ha estado ahí, pero que mirabas de reojo.
Cómo empezar sin complicarte
Para empezar de forma realista, solo necesitas tres cosas:
Cuándo escribir
Cuando notes confusión, saturación o dificultad para entenderte. No hace falta convertirlo en hábito todavía, aunque puedes hacerlo si quieres.
Cuánto tiempo
Cinco minutos.
No más.
El objetivo es que sea accesible, no perfecto.
Te lo recomiendo así para que no te satures y no empieces exigiéndote demasiado, es mejor empezar poco a poco, pero como antes, eres tu el que debes elegir.
Qué escribir
Una de estas tres opciones funciona bien:
- Lo que te ha molestado hoy.
- Lo que te preocupa y por qué.
- Lo que te gustaría entender un poco mejor.
No hace falta explicar mucho, basta con una frase que diga la verdad.
Qué puedes esperar realmente
Escribir con regularidad seguramente te dará:
- más claridad mental,
- menos ruido interno,
- decisiones más sencillas,
- menos confusión,
- mejor comprensión de tus emociones.
No cambiará tu vida en un día.
Pero sí mejorará la forma en la que te relacionas contigo.
Y eso es más importante de lo que parece.
También debo decirte que a todo el mundo no le funciona, si es tu caso, no te frustres, si te sientes mal con ayuda de tu terapeuta seguro que encontraras formas de sentirte bien y entenderte mejor.
Qué NO esperar de la escritura
Sé concreto con esto:
- no es terapia,
- no resuelve problemas complejos,
- no sustituye hablar con alguien cuando lo necesitas.
Pero sí te prepara para hacerlo desde un lugar más claro.
Primer ejercicio del curso
Es un ejercicio sencillo para empezar el camino sin presión:
Escribe tres frases:
- Qué he sentido hoy que no he querido mirar. Por ejemplo, algo te ha sentado mal de tu pareja pero no lo has dicho por no discutir.
- Qué necesito pero no estoy pidiendo. Por ejemplo, un poco de tiempo para ti misma.
- Qué me está agotando más de lo que parecía. Por ejemplo, el comportamiento de un compañero de trabajo.
Guárdalas.
Son tu punto de partida y las revisaremos más adelante en el curso.
Cierre del capítulo
Este primer capítulo es solo una puerta de entrada. A partir de aquí aprenderemos a escribir con más calma, más profundidad y más honestidad, pero sin perder algo esencial: la escritura sirve si te sirve a ti.
No necesitas hacerlo como un si fueras un gran escritor.
Solo necesitas estar presente mientras escribes.
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